Planeta de Babel.
Viajé a Lyon para mejorar mi pronunciación de francés, mientras que mi padre fue invitado a dar una ponencia sobre mercadotecnia en Washington y mi hermana se fue a un curso de edición en México.
Mi padre y yo viajábamos a lugares en donde sabÃamos que se hablaba otro idioma por lo que en realidad esperábamos o mejorar su inglés (en el caso de mi papá) o aprender bien el francés (yo).
Lo irónico de esto es que en esa semana de viajes, aunque en diferentes dÃas, cada uno tuvo un encuentro particular con los idiomas.Â
Mi hermana estaba paseando con unas amigas por el Mercado de Tepito cuando pasaron junto a una mujer que hablaba raro Lo particular de este caso es que la mujer hablaba francés y nadie más que mi hermana la entendió, pues ella estudió francés hace tiempo, asà que al entender que a la mujer le habÃan robado y necesitaba ayuda (nadie deberÃa ir a Tepito solo, es el gran mercado ‘negro’ del DF) comenzó a calmarla y hablarle en francés.
Fueron en busca de la policÃa, mi hermana ayudó en la traducción, en fin se pasó unas cuatro horas hablando francés y español. Eso le pareció cómico, terminar hablando francés en plena ‘mexicanilidad’ como lo era el DF.
Mientras tanto mi padre habÃa terminado su ponencia y ya que estaba cansado decidió dormir un rato en el hotel y luego ir a una cena para los panelistas. Luego de una buena siesta salió en busca de Sushi bar, lo cual no fue un gran problema para él pues se desenvolvió muy bien en la presentación en inglés asà que no le preocupaba moverse por Washington.
Sin embargo ni bien comenzó a caminar por la calle vio a lo lejos un hombre que parecÃa perdido. LucÃa como un extranjero y además como si realmente no supiera dónde estaba, mi padre le preguntó en inglés si es que necesitaba ayuda y el hombre (de cerca de un metro noventa, con más de cien kilos y el cabello casi blanco) sacó un diccionario y comenzó a entablar una accidentada conversación con mi padre.
Lo que éste pudo deducir es que el hombre buscaba una calle especÃfica que por suerte estaba cerca del Sushi bar a donde se dirigÃa asà que se ofreció a acompañarle. Finalmente al llegar a la calle indicada una mujer y unos niños empezaron a hacer señas, el hombre los vio, levantó los brazos y dijo ¡mujer a dónde te habÃas ido! Y luego volteando a mi papá dijo: ‘Thank you so much’ y se alejó a reunirse con su familia. Mi papá se pasó el resto del camino al restaurante riéndose y pensando en lo extraño de la situación.
El mÃo fue el caso más tonto, odio las citas a ciegas y lo peor es que una amiga del curso de francés conoció a un chico y la invitó a salir con un amigo suyo asà que me pidió que fuera su refuerzo. Como me rogó tanto acepté pero si hubiera sabido que habrÃa de terminar hablando en inglés con un japonés de intercambio hubiera dicho NO. Lo peor es que el japonés tomó de más y se olvidó de que yo no hablaba japonés y me hablaba y hablaba en su idioma mientras yo solo asentÃa con la cabeza, sonreÃa y me querÃa morir por dentro.
Ahora que sé lo que nos pasó a los tres en nuestros viajes siento que realmente en este mundo saber un idioma no es suficiente, terminar hablando francés en México, que un compatriota español te confunda por un americano y que tengas una cita (por obligación) con un japonés en inglés…es solo una sana advertencia de cómo anda este mundo y de las necesidades que uno debe tener presente.
Eso sÃ, mi papá se divirtió mucho en Washington, para disculparse con el papelón que hizo conmigo Hiro (el japonés) me regaló una linda muñeca de Hello Kitty (a mà me gustó) y mi hermana…pues siempre es bueno para el alma ser buen samaritano, no importa en que idioma.
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