Escuelas de idiomas en el mundo, es mejor estudiar en casa o en el extranjero.
Es triste, pero a veces (muchas veces) suele ser verdad aquello de que tener un buen profesor es una bendición del cielo o una cuestión de suerte. Porque, en el caso de aprender idiomas, siempre se agradecerá el tener un profesor que le guste enseñar y sea bueno en eso.
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Sin embargo, yo he pasado por experiencias que no me han hecho sentir precisamente en el cielo de los profesores excelentes. Incluso, en el colegio puedo decir que pasé por una serie de maestros efÃmeros y prepotentes. Lo mismo en el inglés.
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Sin embargo, hay gente que no sabe apreciar lo bueno que puede ser alguien para uno, hasta que lo deja y siente en carne propia la realidad. Eso le pasó a una amiga mÃa (hey, tengo muchas amigas ¿no? Pero ninguna quiere ser mi novia), yo siempre ‘envidié’ un poco la situación de esta chica porque sus padres tenÃan dinero y la colocaron en un muy buen colegio y además la inscribieron en una excelente escuela de idiomas desde que tenÃa dieciséis años, donde fue aprendiendo el inglés.
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Yo habré hecho un primer mes con ella en ese instituto, pero era tan caro que al final me retiré. Pero puedo decir que ella tenÃa una excelente profesora que, aunque no la acompañó siempre, fue su tutora en varios niveles de inglés. Lo malo es que a mi amiga no le gustaba la forma en que ella enseñaba, porque era exigente y siempre los obligaba a hablar y pensar en inglés (oh, que tragedia que te obliguen a semejantes ‘barbaridades’ precisamente en una clase de inglés).
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Luego de entrar y salir de las clases de inglés como si se tratara de un curso libre, y culpando de sus malas notas a la profesora –aún en los ciclos donde ella no le enseñaba- convenció a sus padres que la mandaran al extranjero para que mejorara su inglés. Y, oh maravilla, terminó en Londres.
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Pero, una cosa es tener una profesora exigente, que cree que puedes dar más de lo que ofreces siempre, y otra es sumergirte por completo en una sociedad anglófona donde no puedes buscar excusas para no pensar ni hablar en inglés. Y, en esta experiencia, es donde esta muchachita entendió que su profesora ‘déspota y cruel’ simplemente trataba de darle lo mejor a ella.
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Pasó los primeros meses fatal, mal acostumbrada a hacer lo que le dio la gana y desaprovechando completamente el viaje de inmersión. Claro que luego de eso aprendió una lección importante, esto es, sin dedicación ni exigencia al máximo, uno nunca va a mejorar en nada. Y, algo más, que hay que diferenciar entre un profesor exigente y que hace bien las cosas, entre esos otros que tratan a uno como grabadoras que solo repiten y no piensan.
 Aprender un idioma no será mejor o peor en nuestra ciudad o en el extranjero, sino dependerá de nosotros mismos.
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