Aprender idiomas y no morir en el intento.
No todos nacemos con las mismas habilidades, por lo que aprender un idioma puede ser un asunto muy fácil para unos y la peor de las torturas para otros.
Pero bueno, a estas alturas del milenio, con la globalización, internet y bla bla bla de cosas que se pueden decir, sabemos que aprender idiomas es una cuestión de vida o muerte.
Hablando dos o tres idiomas uno puede acceder a información de primera mano, además de poder viajar, encontrar trabajo en distintos lugares y claro, el currículum siempre será más notable si a parte del español ponemos: inglés, francés y/o alemán.
Por eso, ya que sabemos que el conocimiento y aprendizaje de los idiomas es vital para nuestro desarrollo profesional y social, solo nos queda aprenderlo. Para empezar a aprender un idioma uno debe tener en cuenta algunas cosas importantes: un idioma no se aprende por arte de magia, si no vas a clases, te quedas dormido y si solo le dedicas 120 minutos diarios y luego te vas a vivir la vida de lo lindo, lo más seguro es que no aprenderás nada.
Tampoco tiene sentido tratar de quemar etapas, puede que estés más interesado en lo que canta Britney Spears pero no te cuesta nada aprender a decir “hello” y esas cosas en las primeras lecciones.
Por eso paciencia y motivación son dos claves, los idiomas no son enemigos, es más, no son individuos que te van a morder ni a secuestrar para meterte en una maleta. Piensa en un idioma como en una herramienta, o mejor, como montar bicicleta.
Al principio puede que caigas pero luego encuentras equilibrio, pero es porque le has dedicado práctica y dedicación al punto que en poco tiempo te movilizas por todas partes en bicicleta o hasta puedes manejar sin manos.
Con los idiomas es similar, solo que es nuestra cabeza la que necesita ser entrenada. Debemos siempre recordar que no es que no podamos aprender un idioma, nuestro cerebro está ahí para ser usado solo hay que utilizarlo un poquito o aceitarlo si lo hemos dejado abandonado por un tiempo.
No hay receta mágica, ni implante cibernético que te haga hablar un idioma de la noche a la mañana y menos hablar chino mandarín en cinco días. La clave para aprender, cualquier cosa, es la actitud; una actitud positiva ayuda mucho pues no tiene caso que llegues a casa hablando barbaridades de la maestra, los alumnos y del país donde se habla la lengua que aprendes o menos diciendo que tienes menos neuronas que los demás y que mejor estás en una jaula de circo que en una clase de idiomas.
La motivación es otro punto, no te vas a poner aprender inuit cuando lo que te interesa es el desierto de Sahara. Una buena forma de motivarse para aprender un idioma es encontrar libros o cómics que te interesen mucho y también películas, por ejemplo el cine francés, coreano, italiano o japonés (por no nombrar el inglés). Pero incluso en estos casos las traducciones son siempre más aceptadas, sin embargo la música es un caso aparte. A mí me motivó aprender inglés porque mucha de la música que escucho está en ese idioma y, para variar, me gusta entender lo que dicen cuando cantan. Imagínense si cuando uno va a un concierto de Avril Lavigne ella se para en el escenario y al lado está un traductor que empieza a cantar las canciones traducidas….Sería extraño. Para la música no valen las traducciones.
Entonces solo debemos tener tres cosas claras para sobrevivir a cualquier clase de idiomas: primero, que no se aprende un idioma de milagro o mientras duermes; segundo, debes tener una actitud positiva hacia tus clases, nada de autocompasión; y tercero, debes sentir motivación por aprender una lengua, no solo porque te lo dicen tus padres, los idiomas tiene muchas cosas interesantes que ofrecer y que hay que descubrir.
