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Aprender idiomas: la motivación. Ese problema.

Posted in Uncategorized by cadey on the December 18th, 2007

No voy a hablar desde un punto de vista experto, sino a partir de mi experiencia personal a lo largo de mis veinticinco años de experiencia en torno al hecho de aprender –en general- y de aprender idiomas –en particular-.

 

Creo que casi todos los que hemos pasado por la experiencia de la vida escolar podemos decir que no todo fue “color de rosa”. Durante el periodo escolar tuvimos cursos que odiamos y otros que no tanto, y unos pocos que, aunque no lo dijéramos abiertamente, nos encantaban.

 

Incluso, puede que hubieran cursos que nos fueran más sencillos de aprobar mientras que otros, aunque no nos fueran tan fáciles, nos motivaban a querer saber más. Esto es parte de aprender, cuando uno va aprendiendo tiene la posibilidad de conocer muchas cosas y de entre esa variedad uno va reconociendo aquello que realmente le apasiona y le interesa.

 

Y, en parte también, a partir de estas primeras experiencias construimos nuestras preferencias personales. Aunque no siempre nos es suficiente con que un instinto natural nos lleve hacia ese curso que en el futuro se convertirá en la profesión que estudiaremos. Muchas veces la motivación es truncada por un maldito profesor que nos hace la vida imposible y que nos crea anticuerpos hacia una materia.

 

Es en ese momento cuando la motivación y la enseñanza toman caminos distintos. Un profesor pésimo puede ser capaz de quebrantar las más grandes motivaciones. Por eso, uno siempre debe estar al pendiente y saber diferenciar cuando es que ‘no nacimos’ para las clases de física en secundaria, y cuando es que el profesor de física es un bestia al cuadrado.

 

En mi caso, pasó con el inglés, tuve malas experiencias en el programa de idiomas de mi colegio de modo que cuando terminé los estudios, mis conocimientos de inglés eran solo un protocolo para decir que ‘había aprobado’. Lo peor de todo es que ya para entonces estaba totalmente curado con lo que respecta al inglés, odiaba el idioma y estaba convencido de que nunca lo aprendería.

 

Sin embargo, cuando comencé la carrera de historia en la universidad, las lecturas en inglés no se hicieron esperar. Pero aquí volvió a jugar la motivación, que es el mantra de la semana. Mi interés personal por ellas, hizo que me esforzara por querer aprender realmente el idioma. Esto es, mi motivación personal hizo que dejara de lado varias taras y traumas impuestos de la época escolar.

 

Y, creo que esta es la idea principal respecto al estudio de idiomas, cada quien tiene una razón para aprender una lengua, y no tiene que coincidir con la de los demás. Y, aunque la razón o motivación no sea la que te enseñe el idioma, es la que le da bases a tu esfuerzo, concentración e interés por estudiar. Además,  muchas veces  favorece el hecho de que tengas una preferencia, como el interés por el mundo de los cómics o por los estudios de medicina, para que comiences a interesarte realmente.

 Sin importar que tan mala pueda llegar a ser una enseñanza, si no se pierde la motivación y uno identifica los problemas en su aprendizaje, aprender un idioma no llega a convertirse en un problema.

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