Aprender idiomas: viajar y conocer
Estudiar un idioma es siempre una tarea que parece difícil. Sin embargo la mayor parte de los problemas que aparecen a raíz de cursar estudios en escuelas o institutos de lenguas, es la poca dedicación que el estudiante le da. Para aprender un idioma no basta realmente, el simple hecho de ir dos horas diarias a clase para luego olvidarlo todo hasta el día siguiente. Mucho menos, es un signo de proeza hacer las tareas antes de que empiecen las clases. Menos poner excusas, cualesquiera que sean, para no asistir.
Finalmente si repruebas o no, es problema tuyo y de tu dinero, porque a las escuelas de idiomas no les va a incomodar para nada un reincidente. Y no es que ellas propicien estas actitudes. Si no, son los mismos alumnos, sin importar la edad, que siempre van a encontrar algo mejor que hacer, algo más importante, algo más divertido, que prestar atención a clase o practicar el idioma al menos, media hora diaria.
Comento esto porque yo misma era de esas chicas que se matriculaba en clases de inglés intensivas, pero que no iba a clases, no le importaba practicar y tampoco le dedicaba tiempo de calidad a las tareas (solía hacerlas diez minutos antes de que empezaran las clases). Y el resultado final era siempre el mismo: un pobre desempeño académico.
Y claro, luego venía el momento de culpar a la escuela de idiomas, a los profesores, a la mala dinámica o pedagogía o incluso a los compañeros de clase. Sin embargo, después de intentar tres veces, te das cuenta que estás siendo un poco arrogante y que probablemente la culpa de todo la tenga uno mismo. Que es lo que me pasó.
Fue entonces cuando una amiga me sugirió lo de la inmersión lingüística.
A diferencia de los turistas normales que buscan cómodos tours que les muestren lo que quieren ver de un lugar, las personas que viajan para aprender un idioma en el extranjero, lo hacen con otra visión de las cosas.
Aprender idiomas implica aprender sobre una cultura diferente, que, para variar, es la que habla esa lengua en la que tanto intentamos instruirnos. En cuanto se es consciente de que un idioma no es lo que se te ofrece en un cuaderno de estudios, sino que es una lengua que hablan millones de personas que tienen tradiciones, formas de vida y rutinas propias, entonces se entiende que uno no solo aprende a hablar un idioma sino que está aprendiendo a comunicarse en una lengua con rasgos propios y diferentes.
En la inmersión lingüística, el simple hecho de que no tengas otro idioma para comunicarte ayuda mucho a que interiorices el idioma que estás aprendiendo. Claro, en mi caso no regresé hablando inglés de Londres como la Reina Isabel o Victoria Adams. Pero la experiencia me sirvió mucho para volverme una persona responsable y adquirir buenos hábitos como estudiante, esto no quiere decir que me volviera una ‘niña modelo’ únicamente que aprendí a valorar mi propio progreso, las enseñanzas que me daban y lo que podía aprender de mis compañeros de clase.
Aprender idiomas en el siglo XXI
Un día encuentras a Angelina Jolie en USA y al siguiente está en África. Es decir, viajar a cualquier parte del mundo es ahora algo muy sencillo y rápido, además de económico, en comparación a otras épocas. Sólo piensen en los peligros y el tiempo que le duró la expedición a Cristóbal Colón o las grandes travesías que tuvieron que hacer los colonos al llegar a los Estados Unidos.
Sin embargo ahora la posibilidad de viajar a cualquier extremo del planeta es muy sencillo, rápido, seguro y económico. ¿Por qué no pensar entonces en tomar unas clases de idiomas en el extranjero? Son más útiles que unas simples vacaciones, es un tiempo dedicado a conocer un nuevo lugar, nuevas personas y nuevas tradiciones, además de aprender algo novedoso. Y el viaje no es largo, ni muy caro además de que las escuelas de idiomas ofrecen facilidades a los estudiantes, entre ello el alojamiento, movilidad y guías por la ciudad que se desea visitar.
Pero bueno, regresando a la idea central. Debido a que es tan fácil trasladarse a cualquier punto del planeta en estos días, es que se han hecho muy populares los cursos de inmersión lingüística para aprender idiomas. .
Todo el mundo sabe que uno aprende con mayor facilidad un idioma cuanto más tiempo lo utiliza. En un medio convencional las clases de inglés o de francés, por ejemplo, para hispanohablantes que viven en España o México, no serán suficientes para brindar un buen aprendizaje a los alumnos.
Y esto no quiere decir que las clases sean deficientes, el principal reto al aprender un idioma es que su buen manejo se adquiere con la práctica continua.
En cambio, viajar a USA o Irlanda para aprender inglés, ofrece una forma dinámica y novedosa de aprender el idioma. Por un lado, el entorno idiomático es el inglés, por lo cual el alumno no tiene otra forma de comunicarse que utilizando el idioma. Además, es norma de las escuelas, formar grupos reducidos y pluriculturales, de modo que la atención al alumno es más especializada y los alumnos no hablan el mismo idioma, así que deben usar de todos modos el que se está aprendiendo para poder comunicarse.
Puede que el método resulte algo agresivo para algunos, sin embargo, a la larga, los estudios en el extranjero tienen mejores resultados. Por un lado se adquiere una mejor modulación, pues se adquiere el acento de los hablantes nativos. Además el vocabulario se enriquece mucho más e incluso se necesita menos tiempo para dominar el idioma.
Este último no se debe a alguna receta milagrosa para aprender un idioma, se trata tan solo de que la presión de verse obligado a hablar una lengua nueva obliga al estudiante a interiorizar con más rapidez el idioma. Es muy diferente estudiar una lengua en un curso normal en la patria, ahí se asiste a clases y luego se vuelve al entorno cotidiano, sin tener la oportunidad de practicar el idioma que se está aprendiendo.
Como se puede ver, viajar para aprender un idioma tiene muchos puntos positivos, desde la facilidad para viajar de un lugar a otro, los precios asequibles hasta las variadas ofertas que se pueden encontrar en distintas escuelas.
Dos familias ejemplares para aprender inglés.
Veamos ¿Los Simpson o Padre de Familia? o mejor dicho ¿The Simpsons o Family Guy?
Para ser honesta prefiero mil veces Los Simpson a Padre de Familia, pero prefiero mil veces Family Guy a The Simpsons.
¿Qué clase de tontería estoy diciendo?
No es precisamente una gran tontería, digamos que es solo una pequeñita.
Sucede simplemente que, en mi caso, me gusta mucho la traducción al español (neutro, mexicano, estándar o como lo quieran llamar) de Los Simpson, es más, una vez tuve la oportunidad de oír las voces de Homero en distintos idiomas, y creo que a la hora de doblar voces se ha tenido mucho cuidado para esta serie.
Algo muy distinto es lo que pasa con Family Guy. Si uno se fija bien, solo con Stewie se nota que no han sabido colocarle un buen doblador.
Durante mucho tiempo he crecido aprendiendo inglés con estas dos series. A decir verdad, tuve que comprarme las temporadas de Family Guy tras que la suspendieron un tiempo.
Sin embargo si de algo valen la pena estas dos series es para demostrarte que se puede reír con las taras, defectos y patético solaz de la sociedad norteamericana. Y no solo pensar que son racistas, xenófobos, contaminadores y un largo etc. al menos tienen la capacidad de burlarse de ellos mismos y nosotros, desde cualquier parte del orbe, nos reímos de ellos…..con ellos.
Pero, volviendo al tema. Al principio Family Guy no me gustaba tanto sentía que era una vulgar imitación de Los Simpson y si tenemos en cuenta que esta serie ya es de por sí….cómo decirlo, un reflejo de ‘la vida cotidiana’ pues el shock al ver Padre de Familia tiene como respuesta u odiarlo, amarlo o ser un ambiguo televidente.
No fue sino hasta que viajé a Estados Unidos para mejorar mi inglés que pude volver a ver esta serie. Es más, con unas amigas que hice en la escuela de inglés en Nueva York, nos conseguimos las primeras temporadas y las solíamos ver en las noches libres (cuando al día siguiente tienes que despertarte a las ocho de la mañana porque las clases son a las nueve, no es aconsejable beber cerveza hasta las cuatro de la mañana).
Fue entonces cuando comencé a entender realmente la serie, para empezar las voces de los personajes eran excelentes, no se puede comparar con las del doblaje, y no es que sean malas sino que hay bromas y referencias a la sociedad norteamericana imposible de transmitir en una traducción.
También tuve la oportunidad (obligación) de ver la TV en inglés durante mi viaje y pude ver The Simpsons, la verdad es que me quedo con el doblaje, la voz de Homero es más estúpida que la de Homer, y las bromas, si bien algunas son cambiadas para la audiencia hispanohablante, no dejan de ser buenas.
Aunque debo decir que en mi caso aprender inglés siempre ha sido bastante más ‘pasable’ con Homero o Peter, que otros alumnos que se la pasan aprendiendo las onomatopeyas de los animales en inglés.
¿Ya ven como la Televisión puede ser muy educadora?
Cuando aprender un idioma es aprender de un excéntrico.
Tengo una “innatural” orientación por todo aquello extraño o excéntrico. Con decir que X Files fue por mucho tiempo mi “Biblia”, lo digo todo.
Sin embargo cuando me tocó aprender inglés a mi madre no le interesó qué tanto quería irme a Irlanda a buscar duendes o a Inglaterra a hacer la ruta de Jack el Destripador. Decidió que yo iba a pasar cinco meses estudiando inglés en una escuela de idiomas en USA. La verdad, mucho no puedo contradecir a mi madre, es una mujer muy decidida y aún alguien de dieciocho años como yo no podía decirle que no.
Mi viaje iba a ser Los Ángeles, según mi madre porque ahí ‘no había nada extraño’ (pensaba que X Files era inglés). Aunque claro que por ‘nada extraño’ ella entendía que no habían Jacks o duendes en USA, pero se olvidaba de la fauna increíble que puede uno encontrar ahí, que supera en creces el pagar un boletillo para visitar un circo de fenómenos en tu ciudad.
Para muestra solo hay que hablar de Michael Jackson, el tío encierra en sí la total esencia de un mal llevado frikismo. Para empezar se volvió blanco, se lijó tanto la nariz que se le para cayendo (en las parodias que hacen de él), tiene el síndrome de Peter Pan, ha tenido un escándalo por abuso de menores y compartió la cama con Macaulay Kulkin (el de ‘Solo en casa’).
Y bueno, durante mi estadía en Los Ángeles, para las clases, nos dieron la tarea de elegir algún libro de lectura. Lamentablemente no estaban incluidos ni Condoritos, Mafaldas o las novelas de X Files en la lista de obras permitidas. Así que tuve que buscar algo que realmente me llamara la atención.
Fue así como llegué a una de las ‘biografías no autorizadas’ de Michael Jackson, hice de este libro mi lectura durante mis clases además de objeto de diversión y de distracción en mis ratos de soledad.
Un día uno de mis compañeros de la clase me invitó a una proyección de películas de Lynch. Iban a pasar ‘El Hombre Elefante’. Ya saben, es la vida de Joseph Merry, un hombre que padecía una terrible deformación en el cuerpo. Tras ver la cinta me di cuenta que realmente, si comparaba a Merry con Jackson, de lejos, el más excéntrico en el interior de sí mismo, era el otrora rey del pop.
Es decir, Merry tenía marcado en el cuerpo un destino trágico mientras que Michael Jackson se marcó, por propia mano, un destino trágico. Es decir, es como una suerte de monstruo mental que labró su cuerpo hasta hacerlo también un monstruo. No se encuentra otra explicación para que alguien con talento para el canto y el baile, aceptablemente ‘atractivo’ y con la oportunidad de ganar mucho dinero, se hiciera famoso más bien por haber deformado su cuerpo y estar obsesionado con no crecer nunca.
La última semana de clases, la profesora de inglés nos pidió un ensayo personal sobre el libro que habíamos estado leyendo. Cuando se enteró de la ‘novela literaria’ que tenía en mis manos se molestó un poco y me dijo que esperaba algo ‘bueno’ o me reprobaría (las biografías no estaban contempladas como textos educativos, por lo menos no la de Michael Jackson). Al final terminé haciendo la comparación entre Jackson y Merry y obtuve una muy buena nota final.
Lo cual es también irónico, mi madre me mandó a USA pensando alejarme de las cosas ‘raras’ pero terminé aprendiendo inglés con el mejor de los excéntricos.
